lunes, 20 de febrero de 2012

Do you speak English?

Carta enviada al programa radiofónico de Luis del Olmo por una oyente:
Desde que las insignias se llaman pins, los homosexuales gays, las comidas frías lunchs, y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es muy, muchísimo más moderno.
Antaño los niños leían tebeos en vez de comics , los estudiantes pegaban posters creyente que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business , y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera a mediodía en vez del tupper-ware.

Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés. Las cosas, en otro idioma, nos suenan mucho mejor. Evidentemente, no es el mismo decir bacón que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap...

Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, ni tenemos sentimientos, sino fellings.

Sacamos tickets, compramos compacs, comemos sandwiches, vamos al pub, practicamos el rappel y el raffting, en lugar de acampar hacemos camping y, cuando viene el frío, nos limpiamos los mocos con kleenex.

Esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado muy nuestro aspecto. Las mujeres no usan medianas, sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos, sino slips, y tras afeitarse se echan after shave, que deja la cara muy fresca que el tónico.

El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia, pero hace màsters y nunca consigue aparcar pero siempre encuentra un parking.

El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares walkman, los lugares de venta stands, los ejecutivos yuppies; las niñeras baby-sitters, y hasta nannies, cuando el hablante moderno es, además, un pijo irredento.
En la oficina, la cabeza esta siempre en meetings o brain storms, casi siempre con la public-relations, mientras la assistant envía mailings y organiza trainings; después se irá al gimnasio a hacer gim-jazz, y se encontrará con todas las de la jet , que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-modelo amante del yoghurt light y el body-fitness.

El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se jartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezco el mismo, engorda mucho menos que la carne.

Ustedes, sin ir más lejos trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario la cosa se llama show, bien distinto, como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy es que contiene carnaza y si es reality parece el difunto diario El Caso, pero en moderno.

Entre medias, desde luego, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.

Para ser ricos del todo, y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, solamente nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra 'SIESTA.'


Bilingüismo, ¿realidad o ficción?


A menudo, y sobre todo ahora, que centro la mayor parte de mi tiempo en el aprendizaje de diferentes idiomas, me paro a reflexionar y me pregunto, ¿realmente algún día podré considerarme políglota? Pensaba que sí, pero cada día lo tengo menos claro. Por lo que me van surgiendo más y más dudas: ¿Qué entendemos por bilingüismo? ¿Existe el bilingüismo en términos absolutos?
Según la Real Academia Española, llamamos bilingüismo al usohabitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona. Sin embargo, según el lingüista Yohansem, el hablante bilingüe es solo aquel que tiene un control nativo de dos o más lenguas. Por lo que ahora me pregunto: para poder considerarnos bilingües, ¿tenemos que hablar desde que nacemos dos lenguas, o basta con que aprendamos una segunda con el tiempo?
Para empezar, creo que el concepto de “bilingüismo absoluto” como tal no existe, ya que todavía no se ha podido demostrar que una persona sea capaz de expresarse,tanto de forma oral como escrita en varios idiomas sin tener absolutamente ninguna duda. Es decir, con un conocimiento estrictamente completo de ambos lenguajes. Pero, si somos objetivos, ¿quién tiene un conocimiento completo de su lengua materna (lengua A)? Si pensásemos en esto, ni siquiera existiría el monolingüismo absoluto. Pero, lo que es innegable es que somos hablantes, con la gran habilidad de comunicarnos y por lo tanto, siempre que seamos capaces de hacerlo, podremos considerarnos monolingües. Aunque no tengamos un conocimiento completo de nuestra propia lengua, somos capaces de entendernos y expresarnos. Y del mismo modo sucede con el bilingüismo.
Por otra parte, aunque apoyo la definición de “bilingüismo” de la Real Academia Española de la lengua, no estoy de acuerdo con la afirmada por Yohansem. Ya que si bien es cierto que desde pequeños, los niños tienen mayor facilidad para aprender y asimilar nuevos sonidos, tampoco es menos cierto que una persona adulta puede ser capaz de aprender tanto o más que un bebé sobre idiomas, siempre y cuando dedique mayor tiempo y esfuerzo. Del mismo modo, no creo justo tener que hablar de alguien como “bilingüe” o “monolingüe” solo porque desde pequeño, haya convivido con uno o dos idiomas. En mi opinión, el esfuerzo de quienes queremos aprender nuevos idiomas, y ampliar nuestros conocimientos sobre lo que ya sabemos, aun no habiendo tenido la oportunidad de desarrollarnos en un ambiente bilingüe, también ha de estar reconocido. Ya que,puede que aun no habiéndonos brindado la vida esa oportunidad, podamos ser capaces de incluso superar en cuanto a nivel en idiomas a aquellos que sí que la tuvieron y no supieron aprovecharla.
Además, me gustaría hablar sobre la posición que ocupa la “nueva lengua”, y la “lengua materna” en nuestro cerebro. Y para ello, explicaré el caso de una paciente políglota de sesenta años, la cual sufrió de un tumor cerebral. La señora conocía el hebreo, búlgaro y serbio, según el orden cronológico de aprendizaje. La paciente tuvo que ser operada y tras la intervención, continuó hablando en hebreo y en serbio, olvidando completamente el búlgaro. Finalmente, era capaz de entender el serbio pero no hablarlo, a pesar de haber sido la lengua que había utilizado durante los últimos 25 años. Es solo un ejemplo real, en el que podemos observar la enorme complejidad de ese apasionante universo, podríamos decir “desconocido” en el que reside todo nuestro saber.
Personalmente, he de decir que, podamos o no ser “bilingües en el sentido absoluto del término” algún día, aprender idiomas siempre será una buena opción . Y sobre todo, aprenderlos siendo conscientes de la importancia que conlleva esta tarea.